Javier Suárez Medina, quien se convirtió en el quinto mexicano ejecutado en Estados Unidos desde la reinstauración de la pena de muerte, fue uno de los que creyeron en las promesas de Vicente Fox a principios del milenio. El entonces presidente de México, el primero en romper con más de 70 años de gobiernos priistas, aseguró que podría evitar la ejecución de Suárez Medina debido a su amistad con el presidente de EE. UU. en ese entonces, George W. Bush.
Sin embargo, como recuerda la revista Proceso, las promesas de Fox no se cumplieron, y el 14 de agosto de 2002, Javier Suárez Medina fue ejecutado tras pasar 14 años en el pabellón de la muerte. El caso estuvo marcado por múltiples irregularidades en el proceso legal, como la falta de información sobre sus derechos a recurrir a las autoridades mexicanas y la omisión de notificar al consulado de México sobre su detención, prácticas que también afectaron a otros mexicanos condenados a muerte en el país vecino.

