La tradición del Altar de Dolores vuelve a tomar relevancia durante la Semana Santa, cuando familias mexicanas montan altares en honor al sufrimiento de la Virgen María. Esta práctica, que se remonta a los siglos XVII al XIX, combina elementos religiosos y culturales que reflejan la devoción popular. Los altares suelen adornarse con flores, velas, imágenes y aguas frescas que se ofrecían a los visitantes durante el antiguo “Paseo de las Flores”.
Aunque la Iglesia modificó el calendario litúrgico en 1969, desplazando la festividad al 15 de septiembre, en México se mantuvo la costumbre de celebrarla el Viernes de Dolores debido a su arraigo cultural. La tradición persiste en hogares e iglesias, donde se conserva como un acto de fe y memoria histórica. Su permanencia demuestra la capacidad de las comunidades para preservar prácticas que forman parte de su identidad espiritual.

